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elacuarista®>secciones>histioria del acuarismo argentino 1ª parte
 

El acuarismo argentino antes (y después) de Internet
(Primera parte)

En la Argentina la actividad que llamamos acuarismo tuvo sus inicios de la mano de inmigrantes europeos, principalmente alemanes. No podemos imaginar las dificultades que debieron superar no sólo para equiparse, sino, especialmente, para obtener peces exóticos.

Si bien nuestra fauna autóctona es muy rica, "nadie es profeta en su tierra", y nuestros peces no siempre fueron valorados como peces interesantes para acuario.

Algo tan simple como la bolsita de polietileno y el oxígeno (a este último sólo se le daba uso industrial y hospitalario), vinieron a producir la primera revolución del acuarismo argentino. Hasta ese entonces se transportaban los peces en frascos de vidrio o latas de conservas sin oxígeno, y por esta razón un embarque de peces importados costaba una verdadera fortuna. 
Con aviones mucho más lentos y sin cabinas presurizadas para la carga, los peces eran transportados en las bodegas de carga, soportando temperaturas por debajo de cero grado. Esta era la única razón por la que llegaban vivos en sus pequeños envases de vidrio, ya que el consumo de oxígeno era mínimo. Claro que los que no se congelaban, se enfermaban luego de ser colocados en un acuario y muchos morían poco después.

En las bolsas plásticas fue posible introducir oxígeno y colocar de ese modo varios peces por envase. Los aviones más rápidos y la presurización de las bodegas para carga perecedera hicieron posible importaciones que, al principio, procedían de paises vecinos y luego de Estados Unidos.
El contrabando (en las épocas difíciles), además de enriquecer a algunos comerciantes, fue una forma de impulsar el acuarismo. Lo que no se podía entrar legalmente (por excesivos recargos aduaneros, o por prohibiciones o por lo que fuere), entraba por alguna frontera o en las valijas de los "turistas". Muchos peces (como los primeros Scalares, Lebistes o Bettas) entraron "de contra" en valijas o bolsos y sirvieron para que, en manos de aficionados expertos o criadores profesionales, se multiplicaran y se difundieran en el mercado.

Los barcos (por lo general los procedentes de China o paises de oriente), tenían entre sus tripulantes a expertos criadores de peces que, saliendo de sus países de origen con varias parejas de ciertos peces, los reproducían durante el viaje. Los viajes solían durar meses y recorrían muchos países. En cada escala se producía una verdadera disputa por las operaciones de trueque o compra. Los tripulantes entregaban Bettas (u otros peces) y se llevaban algo de dinero y bastante de peces de cada país. Esos peces luego se vendían en el siguiente puerto.  En Argentina cargaban Corydoras y Cynolebias y dejaban neones cargados en Brasil, Bettas criados en el camino (a veces microscópicos), Scalares brasileños o venezolanos, etc. etc.
Los comerciantes más pícaros tenían "espías" en Uruguay que le informaban cuándo salía uno de esos barcos hacia Buenos Aires. 
Claro que no había e-mail, así que había que recurrir al telégrafo. En esos casos, salían a la carrera a pescar Corydoras y Cynolebias para tener material de trueque. Eso le daba ventajas sobre sus competidores.

Algunos acuarios, como el "Argentine Aquarium" (tal vez el primer acuario argentino), estaban en la zona portuaria y no porque fuera una "zona comercial", sino porque desde sus orígenes el acuarismo argentino estuvo vinculado al comercio internacional vía trueque o contrabando. "Argentine Aquarium" posiblemente fue el primer exportador legal de peces de Argentina, pero mucho antes de exportar ya había difundido nuestros peces por medio del comercio con los tripulantes de los barcos.

Y pasaron los años (treinta o más) y llegamos a la década del 60. Junto a los 3 ó 4 "viejos" acuaristas que aún quedaban (Testa, Smith, Müller padre, Paul, Neixner padre, etc) aparecen los "nuevos": el acuarismo se difunde, surgen asociaciones y hasta una revista especializada ("Peces y Acuarismo", 1962). Platero ya no distribuye peceras en bicicleta y dirige "Ichthys Argentina S.R.L.", Constantino Silva ya no trabaja en el Ministerio y atiende con dedicación exclusiva su "Acuario Silva"(que con el tiempo sería "Distribuidora Silva"). Neixner hijo, Fernández, Rossi, Martty, Siri, Cantarini, Müller hijo y muchos otros, fueron marcando una época en la cual criar peces y fabricar productos de acuarismo era un sacrificio, pero que daba sus frutos.

Y volvieron a pasar los años, pasó el "proceso" con su apertura económica y su deuda externa; pasó la guerra de Malvinas y su secuela; llegó la democracia y el "Plan Austral", y el "Plan Primavera" y Alsogaray dijo por 10ª vez que había que "pasar el invierno" y llegó Menem, y la convertibilidad y la globalización... Y se fue Menem y vino De la Rúa... Y se fue De la Rúa y llegó Rodríguez Saa... que también se fue. Y luego vino Duhalde... que al final se va antes de tiempo... y en medio de todo esa vorágine... 

...estamos en Internet

...Un día nos levantamos (ya no nos acordamos cuándo fue) y nos dimos cuenta que todo era "punto com". Y que al mismo tiempo muchos acuarios ya no existían. Tampoco las únicas revistas de acuarismo que se editaban. Y que solamente se mantenían en pie alguna que otra factoría y criadero de peces gracias al abnegado esfuerzo de sus propietarios. 
También tomamos conciencia que había más pobreza y menos fuentes de trabajo y que estábamos "globalizados". Y estar globalizados significa que el 20% de la gente del planeta tiene el 80% de la riqueza.
Pero también significa que conectando nuestra computadora a la red y poniendo el "punto com" correcto se nos abre un mundo diferente, donde los peces, las ciencias naturales, la medicina o lo que fuere está a nuestro alcance.

Y los argentinos, que todavía no terminamos de acomodarnos a los cambios, nos encontramos ante algo que de golpe pasa a ocupar un lugar de privilegio en nuestras vidas.
Y, como argentinos, tratamos de entrar con más ingenio que tecnología, pero aprovechando cada uno como puede los recursos que tiene.

Mientras el comercio de acuarismo apenas si comienza a utilizar Internet, los aficionados cibernautas han sacado, por primera vez, una amplia ventaja sobre los comerciantes. En particular los killíferos que antes vivían angustiados varias semanas antes de enterarse si un canje de huevos llegaba bien por correo.

Ha llegado el momento de "globalizarse" en lo bueno. Porque la parte mala de la globalización ya la tenemos toda y no queremos más. Tratemos de acelerar los reflejos, invertir lo mínimo necesario y participar activamente.
Intentemos (al menos intentemos!!), aprovechar esta nueva herramienta para impulsar el acuarismo y para acomodarnos dentro de la crisis.
Junto con la difusión se ampliará el mercado y podremos recuperar algo del terreno perdido.

Nosotros, desde El Acuarista, hacemos nuestra parte. Esperamos que haya muchos que se sumen y hagan su parte. De lo contrario seguiremos yendo al puerto a ver si llega algún barco de oriente en lugar de usar una página Web para que nos conozcan.
Hagamos el esfuerzo... Entre todos podremos lograrlo.

Mucho antes de Internet...

Sigue: la historia del acuarismo argentino:
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